"Viajera" fue escrita a mediados de los setenta por el puertorriqueño Carlos M. Fanfán Rivera. El tema está inspirado en una mujer con la que el compositor mantuvo una relación tormentosa cuando ambos vivían en el municipio de Fajardo, al este de Puerto Rico, entre los años 1961 y 1963.

La relación, por demás conflictiva, estuvo llena de vaivenes y de momentos tensos. Ella era diez años mayor que el autor y al parecer no tomaba tan en serio el noviazgo, por lo que el romance terminó rompiéndose.

Ya en los ochenta, mientras Fania Records perdía fuerza en el mercado, el sello independiente Top Hits (llamado también TH Records) ganaba gran protagonismo gracias al catálogo impresionante de vocalistas y músicos con los que contaba; entre ellos estaban Oscar D’ León, Tommy Olivencia, Willie Rosario, la Orquesta La Solución, la Dimensión Latina, Raphy Leavitt y La Selecta, Andy Montañez, Paquito Guzmán, Marvin Santiago y varios más, por lo que pronto empezó a desplazar a Fania de la industria de la salsa.

En 1981, TH Records realizó una serie de conciertos para promocionar una interesante producción grabada en estudio que reunió a gran parte de las estrellas más rentables del sello. Dicha presentación se llamó “Primer concierto de la familia TH”. Esta serie de recitales no solo buscaban darle promoción al disco, sino también lucir ante el público el espectacular catálogo con el que contaba el sello, lo cual le produjo a TH grandes ganancias.

En el disco mencionado aparecen temas cantados por cada una de las estrellas de la disquera, entre ellos se destaca "Viajera" con arreglos de Ray Santos y vocalizada por Frankie Ruiz, quien la grabó cuando pertenecía a la delantera vocal de La Primerísima de Tommy Olivencia.

Dos años después, TH Records repite la fórmula y lanza al mercado el álbum titulado 'Segundo concierto de la familia TH' en el que fue incluido el tema 'Que se mueran de envidia', escrito por el dominicano Mario de Jesús en la década del sesenta, el cual había sido grabado en esa época con estilo de bolero ranchero por Javier Solís en México.

Para esta nueva producción la ya famosa composición de Mario de Jesús fue grabada en ritmo de salsa con arreglos de Máximo Torres y vocalizada igualmente por Frankie Ruiz con el acompañamiento de La orquesta de Tommy Olivencia, destacándose la presencia de Charlie Palmieri en el piano.

Tiempo después la disquera TH Records y el sello Rodven de Venezuela se fusionaron creando TH-Rodven, unión exitosa que impulsó grandes producciones como el segundo álbum de Frankie Ruiz en solitario (“Voy Pa'encima”), uno de los más vendidos de esta nueva casa disquera que terminó por sepultar al imperio Fania.

Historia basada en entrevista a Roberto Fanfán y Tommy Olivencia Jr. concedida para este blog. Fuente consultada: Catalog of Copyright Entries: Third series y https://www.ancestry.com


A inicios de 1967 La Primerísima de Tommy Olivencia fue invitada a tocar en los tradicionales carnavales de las Islas Guadalupe (Guadeloupe en francés), una gran fiesta popular que se realiza cada año y que se extiende hasta Martinica y el resto de islas de las Pequeñas Antillas.

Guadalupe es un archipiélago de poca extensión correspondiente a las Antillas, ubicado en el Mar Caribe, a 600 km al norte de las costas de América del Sur y al sureste de la República Dominicana. La Isla es preciosa, posee una selva tropical repleta de vida salvaje y espectacular. El territorio está formado por montañas bellísimas y playas paradisíacas de arena blanca. Su población está compuesta mayormente por descendientes de esclavos africanos que se asentaron allí hace muchísimos años, lo que hace que su idioma sea una mezcla muy particular de francés criollo e idioma de sus antepasados.

No era la primera vez que Olivencia y su orquesta tocaba en las Islas Guadalupe. La Primerísima había hecho varios viajes al territorio insular desde 1962 para actuar en festivales y amenizar fiestas privadas. Sin embargo, en esta ocasión, los organizadores del Carnaval habían solicitado específicamente la presencia de Ismael Rivera quien era muy admirado en Guadalupe y apenas unos meses antes había recobrado su libertad.

El jueves 2 de febrero de 1967 La Primerísima llegó a Guadalupe proveniente de Puerto Rico llevando entre sus filas a El Sonero Mayor quien esa misma noche cantaría por primera vez en la isla.

Cabe resaltar que entre 1967 y 1968, período posterior a su reclusión en la cárcel, antes de organizar su orquesta Los Cachimbos Ismael Rivera se desenvolvió como cantante freelance en Puerto Rico y New York, y cantó como invitado de varias orquestas, entre ellas las de Tito Puente, Kako Bastar, Alfarona X y el Conjunto Marianaxi, por mencionar solamente algunas, por lo que verlo como huésped de la banda de Tommy Olivencia no era extraño.

Pues bien, llegadas las 9 de la noche, el cinema Rex de Pointe-à-Pitre estaba abarrotado por el público que, inquieto, curioso e impaciente, deseaba ver al famoso Ismael Rivera acompañado de La Primerísima, la orquesta favorita de los carnavales de Guadalupe. Cuando de pronto las cortinas del escenario se abrieron lentamente y apareció en escena la figura imponente del ‘Brujo de Borinquen’ quien iba vestido con un fino smoking de alto cuello blanco, seguido de Chamaco Ramírez y Paquito Guzmán, la delantera vocal de la orquesta de Tommy Olivencia.

Esa noche El Sonero Mayor complació a todos sus admiradores, quienes disfrutaron de la exquisitez de sus recursos vocales y de esa insuperable capacidad de inspiración para sonear las más conocidas canciones de su repertorio, que siempre lo caracterizó, consagrándose como el promotor de la música puertorriqueña de aquella época. Chamaco Ramírez desencadenaría igualmente la pasión del público interpretando en español las canciones de Henri Debs, un famoso compositor e intérprete guadalupano. Paquito Guzmán, lleno de presencia, fascinó a la audiencia particularmente con sus interpretaciones de boleros. La agrupación de Tommy Olivencia estuvo en excelente forma e hizo que el público se pusiera de pie y bailara incansablemente el ritmo de moda por esa época, el magnífico e infalible boogaloo.

El éxito de la presentación fue tal que la gira se extendió hasta Martinica convirtiéndose en uno de los mejores espectáculos de la década de los sesenta.

Meses después de esa mágica presentación Ismael Rivera regresaría a Guadalupe de gira con el pequeño grupo del pianista ciego Carlos Suárez, un puertorriqueño quien además fue un aventurero tenaz. Su agrupación, con la que también actuaron alguna vez Chivirico Dávila y Mon Rivera, tocaba en barcos para turistas, en yates lujosos y en goletas para gente de mala vida, habiendo sufrido más de una vez percances de toda índole en alta mar y soportado estoicamente el azote implacable de furiosos huracanes, saliendo, no obstante, sano y salvo de todos aquellos inesperados riesgos de naufragio, situación que también vivió alguna vez Ismael Rivera mientras cantaba con la orquesta de Suarez y que merece una entrada aparte.


El paso de Ismael Rivera por los territorios insulares de las Pequeñas Antillas no podrá ser olvidado fácilmente por los isleños; inclusive quedó inscrito en algunas crónicas de los diarios de lengua francesa de finales de los sesenta. Desde entonces las islas de Guadalupe y Martinica ya no son solamente famosas por ser dos lugares encantadores e impactantes, dada la majestuosidad de su belleza natural, sino porque hubo un tiempo en que se constituyeron en el centro de la actividad musical para todas las Antillas francesas, quedando marcadas a fuego para siempre en la historia de nuestra música latina por la indeleble presencia de Ismael Rivera, como un nuevo punto de referencia para la salsa, en el que alguna vez fuera recibido con multitudinario fervor el hijo de la calle Calma.

Ismael Rivera y La Primerísima de Tommy Olivencia en el cine Rex


Historia basada en entrevista a Tommy Olivencia Jr concedida para este blog. Fuente consultada Diario Guadeloupe France Antilles - Pascal Francois
Portada del disco 'Ambergris' (1970)
Contrario a lo que se piensa, los inicios del pianista Larry Harlow no fueron en la salsa sino en el Rock. Cuando explotó la fiebre por The Beatles en los Estados Unidos y los Cuatro de Liverpool estaban en plena efervescencia, Harlow ya tenía su propia banda de Rock que había formado en la adolescencia y en la que también tocaba Lewis Kahn.

Larry Harlow, como cualquier otro joven 'Beatniks-hippie' de la época, también creía firmemente en la importancia de instalar un nuevo sistema de vida basado en la paz, el amor libre y la psicodelia. 

Larry Harlow con su banda Ambergris
Durante su paso por el Rock, participó en varios festivales que lo llevaron a realizar numerosas giras a lo largo del territorio estadounidense con bandas famosas de la época como la del músico, compositor y hoy productor británico Rod Stewart y Grateful Dead también conocidos como 'The Dead', un grupo de rock y folk rock estadounidense influido por la psicodelia., todo esto hasta finales de la década de los 60, participando incluso en algunas tocadas improvisadas previas al gran Festival de música y arte de Woodstock.


En los 70, cuando Larry ya se encontraba inmerso a los sonidos latinos y tenía bien organizada la Orchestra Harlow, 'resucitó' a Ambergris, su vieja banda de rock, y se fue de gira promocional dejando en la dirección de su orquesta al joven vocalista Ismael Miranda, eso explica por qué en los discos 'Abran Paso' (1970) y 'Oportunidad' (1972) los créditos de 'El Niño Bonito de la Salsa'  aparecen por encima del nombre de la orquesta.



Sin duda alguna Larry Harlow es toda una institución de la música que vale la pena revisar desde sus inicios.

Portada del disco 'Que Sentimiento' (1981) 
El gran Héctor Lavoe llegó por primera vez a Cali Colombia en 1977 para participar de su primera Feria y nunca más se fue, por lo menos espiritualmente.

En Cali hizo buenos y malos amigos, gente que buscaba su bien y otros tantos que, aprovechando su fama, solo querían utilizarlo. Entre todos esos personajes estaba el empresario colombiano Larry Landa, un promotor de artistas de la salsa, quien, viendo la situación lamentable en la que estaba El Cantante de los Cantantes debido a su abuso con las drogas, lo convenció de vivir una temporada en Cali para que lograra desintoxicarse y rehabilitarse de una vez por todas de las drogas.

Situación difícil de concebir porque por esa época la vida nocturna en Cali también estaba llena de excesos y drogas de todos los tipos, lamentablemente una realidad inocultable.

En 1982 Héctor decidió aceptar la invitación de Landa y se fue a vivir en el apartamento de Alfredo de la Fe, quien había llegado a la ciudad en el verano de 1981 para organizar la “Juan Pachanga Charanga” una agrupación que tocaba en un club nocturno llamado Juan Pachanga ubicado en el barrio de Juanchito cerca de Candelaria, un distrito a las afueras de Cali, local que era de propiedad de Larry Landa. 

Héctor Lavoe y Larry Landa, foto tomada por Hernando Villarreal en el Hotel Tequendama, Bogotá - Foto tomada de 'Fuera Zapato Viejo'
Pronto la vida nocturna caleña terminó por perjudicar aún más la salud del cantante quien parecía vivir solo de noche. Landa invitó a Héctor a cantar en su discoteca las veces que él quisiera y también lo llevó al club Las Vallas, una de las primeras construcciones hacia el sector de Menga, al norte de Cali, ubicado al final de la Avenida Sexta.


Las Vallas era el mejor rumbeadero de la ciudad. Entre 1977 y 1983 fue un sitio muy concurrido por los amantes de la salsa. Se llenaba con toda clase de gente, desde escritores y personas del ambiente del arte, la cultura y el espectáculo, hasta tipos del hampa y del mundillo del dinero ilícito, que en verdad era quienes más lo frecuentaban, ataviados con camisas de colores llamativos, pesadas cadenas de oro, y desde luego, rodeados de las más bellas y despampanantes mujeres, en cuya compañía llegaban a bordo de autos de colección.

El local era bastante amplio, como para albergar trescientas cincuenta o cuatrocientas personas apretujadas sobre la pista de lustroso parquét. Una réplica de las discotecas de Manhattan, Brooklyn y Queens, con minúsculas mesas circulares, comodísimas poltronas con adornos, muy bien tapizadas, bocinas de sonido cuadrafónico, un sofisticado sistema de luces que garantizaban la penumbra y la discreción, la barra enorme hecha en caoba, atendida por el mejor barman de la ciudad y una tarima dispuesta con una poderosa planta de amplificación y apta para acoger a una orquesta de salsa completa.

Orquesta Juan Pachanga Charanga - Entre ellos Hèctor Lavoe, Alfredo y Alejandro Longa, Ali 'Tarry' Garces, Tuto Jimenez y Otswalt Serna, Club Juan Pachanga, 1982. Foto tomada por Medardo Arias - Revista La Lira
Una noche, Héctor se presentó en Las Vallas para dar un espectáculo aprovechando la celebración del cumpleaños de Miguel Proaño, un ecuatoriano organizador de eventos, mano derecha de Larry Landa, pero cuando apareció en el escenario era notorio que el cantante estaba intoxicado, apenas si podía mantenerse en pie. Horas antes había estado usando drogas y bebiendo aguardiente con un grupo de amigos por lo cual no estaba completamente lúcido.

La orquesta que lo acompañaba empezó a tocar los primeros acordes de “El Cantante”, su canción insignia, y Héctor comenzó su interpretación, pero después de la segunda estrofa se le olvidó la letra de la canción, entonces comenzó a improvisar. Posiblemente el nerviosismo y frustración del momento lo hacían sudar en extremo, entonces se quitó la camisa, se secó el sudor con ella, botó los zapatos y empezó a improvisar la letra. Según cuenta Jairo Sánchez, amigo de Héctor en esa época (hoy director de televisión en Tele Pacífico), Lavoe se dejó llevar por la música y empezó a fluir su habilidad para inventar frases y soneos sin perder el ritmo; duró cerca de una hora improvisando y nunca pudo retornar a la letra original, a pesar del embale en el que se encontraba el cantante, la versión espontánea de su famoso tema quedó muy bien hecha.

Héctor Lavoe en el club Juan Pachanga, 1982
En opinión del violinista Alfredo de la Fe, fue él quien convenció a Héctor para que comprara su tiquete de avión y regresara a Nueva York, porque las buenas intenciones de Landa de querer que el cantante cambiara de ambiente y se nutriera con la energía bonita de la gente de Cali no estaban dando resultado puesto que el destino del artista ya estaba escrito.

Fue así como a inicios de 1983 Héctor Lavoe regresó a Nueva York, ciudad en la que tomó parte en la producción del proyecto discográfico “Vigilante” (1983), historia que ya se ha contado en este blog.

La discoteca Juan Pachanga ya no existe, funcionó hasta principios del 2000 y luego fue cerrada, en el lugar donde antes funcionaba el Club Las Vallas ahora existe un templo cristiano, Héctor Lavoe tampoco está, pero su espíritu sigue vivo en Cali, donde vivió 3 meses, y seguramente también en todos los lugares del mundo donde se escuchen sus mejores pregones.

Los vídeos usados en esta historia son referenciales y pertenecen a la época en que Héctor Lavoe vivió en Cali (de octubre de 1982 a enero de 1983).  Historia basada en entrevista a Jairo Sánchez concedida para este blog.


El domingo 22 de septiembre de 1974 (Un día como hoy, pero hace 45 años) Fania All-Stars hacía historia presentándose por primera vez en África ante 80 mil espectadores. Una noche mágica que incluyó momentos maravillosos. Esta es su historia.

A mediados de 1974, el promotor de boxeo estadounidense Don King organizó en Kinshasa, el Congo, una pelea para que Muhammad Ali recuperara la corona contra el entonces campeón del mundo de los pesos pesados, George Foreman, combate que fue llamado 'The Rumble in the Jungle'.

Paralelo a la pelea de box, el músico Hugh Masekela y el reconocido productor Stewart Levine programaron una serie de conciertos en el estadio 20 du Maipara de Kinshasa (Zaire) en el marco de un festival que duró 3 días (del 22 al 24 de septiembre de 1974) que luego se convertiría en uno de los acontecimientos musicales más importantes del siglo en África al que los organizadores llamaron: 'Zaire 74'. Pero, lamentablemente una lesión que sufrió George Foreman mientras entrenaba obligó a posponer la pelea por casi seis semanas, sin embargo el festival de música sí se llevó a cabo. En el evento actuaron 31 agrupaciones (17 locales y 14 extranjeras) en dicha ocasión estuvieron presentes artistas de la talla de James Brown, BB King, Bill Withers, Manu Dibango, Míriam Makeba, Fania All-Stars, entre otros.

La plana de músicos de Fania que viajaron a África y actuaron en el festival fueron: Johnny Pacheco (Flauta), Larry Harlow (piano), Bajo: Bobby Valentín (bajo), Nicky Marrero (timbales), Ray Barretto (congas), Roberto Roena (bongos), Yomo Toro (Cuatro), Pupi Legarreta (Violín) Jorge Santana (Guitarra eléctrica), Víctor Paz, Kurt Ranno, Luis 'Perico' Ortiz (Trompetas), Lewis Kahn (Violín y trombón), Ed Byrne (Trombón), y 6 cantantes: Celia Cruz, Ismael Miranda, José 'Cheo' Feliciano, Héctor Lavoe, Santitos Colón, Ismael 'Pat' Quintana (voces y coros).




El éxito de la presentación de FAS en la primera noche del festival fue tal que los invitaron para repetir su show 2 días después. Así quedaron grabados momentos épicos como la actuación de Celia con su vestido de colores, cantando 'Químbara' y haciendo bailar a los africanos; la genial interpretación de 'El Ratón' de Cheo Feliciano acompañado por la guitarra endemoniada de Jorge Santana; Roberto Roena 'rompiendo' la pista con su frenético baile luego de su espectacular solo, e incluso la versión más chévere de 'Mi Gente' que haya cantado Héctor Lavoe.



Inicialmente se esperaba que los músicos permanecieran en Zaire máximo 48 horas y luego retornaran a New York para continuar con su agenda, sin embargo, por problemas políticos sociales internos, las estrellas de Fania se vieron obligadas a permanecer por 10 días más en el país africano hasta que los disturbios, propios de la revolución que se vivía en el momento, menguaran. Las imágenes del festival aparecen en 2 películas: 'Soul Power', documental sobre todo el concierto histórico en Zaire y la película 'Live In África' de Fania.

A finales de 1972, el conguero Ray Barretto interrumpe las grabaciones de su producción "Que Viva La Música" (1972), para iniciar una corta gira promocional de jazz con el famoso pianista y compositor brasileño Eumir Deodato con quien colabora tocando las congas en su exitoso álbum "Preludio".

Durante ese tiempo, Barretto dejó su orquesta en stand by para atender otros compromisos musicales, entonces varios de sus músicos aprovecharon la pausa para trabajar cada uno como freelance acompañando a otras agrupaciones o incluso tocando ellos solos en algunos clubes.

Por eso días, un club nocturno llamado "And Vinnies" ubicado en New York ofrecía un espectáculo de descargas para las cuales contrató a un grupo de músicos de la orquesta de Barretto, quienes tuvieron gran aceptación entre el público, lo que se vio reflejado en la buena paga que recibieron.

Al retornar Barretto de su viaje, recibió un ultimátum de los cinco músicos que habían participado en las sesiones de descargas, quienes le solicitaron un aumento en su salario, de lo contario dejarían su banda, Ray pensó que solo era una forma de hacer presión por lo que no tomó tan en serio la solicitud y reanudó de inmediato las grabaciones de su disco "Que Viva La Música".

Semanas después, cuando la banda retomó su calendario de presentaciones, el quinteto de músicos reclamantes compuesto por Adalberto Santiago (vocalista), Orestes Vilató (timbalero), René López (trompetista), Dave Pérez (bajista) y Johnny “Dandy” Rodríguez (bongosero), le comunicaron a Ray Barretto su decisión de renunciar a la orquesta y emprender un nuevo proyecto musical por su cuenta.

Así, el mismo día que salió al mercado "Que Viva La Música", los músicos anteriormente mencionados, recogieron sus cosas y abandonaron la orquesta, hecho que golpeó profundamente a su director Ray Barretto.

La agrupación del conguero era una de las más requeridas en New York ya que contaba con instrumentistas talentosos que se entendían muy bien musicalmente, por esta razón, la noticia de la renuncia de cinco de ellos considerados pilares de la banda, rápidamente hizo eco en el ambiente musical.

Barretto tomó este hecho como traición e ingratitud, entonces para reponerse del trastazo, hizo una pausa obligada en la salsa mientras buscaba reorganizar su orquesta y durante este tiempo desarrolló un proyecto de jazz titulado "The Other Road" (1973). Una vez repuesto y con sed de revancha, empezó a organizar su banda.

Por esos días, los músicos que abandonaron la orquesta de Ray Barretto sorprendieron a todos al anunciar la creación de su propio conjunto al que llamaron La Típica 73 e ingresaron con fuerza al mercado de la salsa.


Barretto por su parte, y casi a la par, empezó negociaciones con un nuevo vocalista llamado Carlos Santos, un talentoso cantante que venía de la orquesta de Joey Pastrana, sin embargo, no lograron ponerse de acuerdo del todo, entonces se sumaron dos cantantes más a las audiciones: Héctor Casanova y un joven sonero llamado Roberto Romero Caballero conocido como “Tito Allen” quien finalmente se queda con la vacante.

Así, Ray Barretto con “sangre nueva” (entiéndase nuevos integrantes), lanza al mercado su producción "Indestructible" (1973) considerada por muchos como su retorno triunfal a la salsa, en la que colaboran Edy Martínez, pianista y arreglista, Julio Romero, contrabajista, el gran Héctor Lavoe, Meñique, Willie Colón y Felo Barrios en los coros. Además refuerza su sección de vientos con Roberto Rodríguez, Joseph Román y Manny Duran (trompetas) y Art Webb (flauta). Mientras que en los timbales Ray Romero reemplazó a Orestes Vilató y Tony Fuentes llega a la banda para sustituir a Johnny “Dandy” Rodríguez en el bongó.

Pronto, Ray Barretto con su orquesta ya reorganizada, reactivó su agenda de presentaciones, pero para su sorpresa, la Típica 73, empezó a presentarse en los mismos lugares donde Barretto también tenía contrato para tocar, provocando que los dueños de los clubes cancelaran a su banda y le dieran los contratos a la orquesta recién formada.

Ante este hecho “El Rey De Las Manos Duras” estalló en rabia y a manera de represalia le solicitó a Jerry Masucci y Johnny Pacheco que expulsaran de la Fania All-Stars a Orestes Vilató o de lo contrario él renunciaría. Días después los ejecutivos de Fania le comunicarían a Vilató, que por disposición interna sería reemplazado por Nicky Marrero.

Ray Barretto era un hombre muy sensible y emocional, se sentía traicionado y herido por quienes consideraba como miembros de su familia, por ello, contrario a lo que se piensa, eventualmente, sí logró hacer las paces con los músicos que se fueron de su banda, tal es el caso de Adalberto Santiago quien más tarde vuelve a la orquesta y Orestes Vilató quien fue mandado a buscar por el mismo Ray Barretto para tocar los timbales en el concierto realizado en el Beacon Theatre en 1976 que después saldría publicado en los discos “Tomorrow: Barretto Live” (1976) y “Gracias” (1978).



Según Vilató, cuando fue a visitar a Barretto en su lecho de enfermo, el conguero le pidió disculpas nuevamente por solicitar que lo echaran de Fania All -Stars, seguidamente refirió que entendía que ellos (refiriéndose a él y a los otros cuatro músicos) hayan renunciado a su banda por buscar mejoras económicas.

Lo cierto es que sin esa “fuga masiva” los salseros no hubiéramos disfrutado de los grandes éxitos de la Típica 73, ni tampoco del genial álbum "Indestructible"  (1973), uno de los mejores trabajos de la salsa de la década de los 70.

Historia basada en entrevista realizada a Orestes Vilató concedida para este blog en septiembre del 2019.

Entre el álbum "The Alexander Review" (1975) y "Salsa Brothers, Miami Sessions" (1985)

Era el invierno de 1975 y Mark Alexander Dimond (apodado Markolino) había terminado la grabación que, años más tarde, sería considerada su obra magna: El álbum 'Beethoven's V' (1975).

Markolino era un músico inquieto, capaz de soltar un solo de piano extenso y hacerle creer a la audiencia que lo escuchado era producto de la participación de tres pianistas a la vez, cada uno dando lo mejor de sí, jugando sobre las teclas sin piedad.

Para entonces, Markolino, con su espíritu irreverente, había impuesto un estilo genial y distinto de tocar el piano. Le demostró a sus colegas de la época que siendo autodidacta y con tan solo 25 años, era capaz de elaborar arreglos muy complejos, extravagantes y cargados de swing, propios de un digno representante de la salsa Neoyorquina y subterránea de los años setenta.

La ferocidad de sus arreglos llevaba el ADN del Lower East Side, el barrio en el que nació, lo que lo convertía en un músico con identidad, un adelantado a su época; sin embargo su  vida personal era un caos.

Markolino se inició en el uso de la heroína aproximadamente en 1966, cuando tenía 16 años. Ya para 1975 había probado todas las sustancias ilícitas que circulaban en las calles de Nueva York. Su adicción a las drogas lo había metido en múltiples líos que lo llevaron a perder contratos e incluso a ser expulsado de varias bandas, ganándose así la fama de drogadicto, estafador y callejero.

Pero al margen de sus excesos, la música le permitió no hundirse por completo en el mundo de las drogas. Semanas después del lanzamiento de 'Beethoven's V' (1975), con el que se consagró como arreglista, emprendió un nuevo proyecto musical para el mercado anglo al que llamó "The Alexander Review" (1975), una producción de Funk/Soul y Funk-Disco, que salió al mercado con el respaldo del sello Vaya Records y que contó con la colaboración de músicos de la talla de Ray Maldonado, Eddie 'Guagua' Rivera, Barry Rogers y su amigo personal Andy Harlow. Para dicho proyecto Markolino escribe y canta todos los temas. Sin embargo, el material no obtuvo la aceptación del público, lo que causó profunda decepción en él.




Algunos meses después, fue convocado por Frankie Dante para tocar el sintetizador en el disco "Los Salseros de Acero" (1976) en el que apenas se distingue su participación. Al término de la sesión de grabación de este disco, Markolino cogió sus cosas y desapareció por casi diez años.

Durante ese tiempo de silencio musical, tocó fondo con las drogas. El vicio lo llevó a perder el apartamento en el que vivía obligándolo a buscar refugio en las calles. Tocó el piano en algunos clubes nocturnos de Nueva York para financiarse el vicio y se mudó a un motel de mala muerte con una de sus novias, una prostituta afroamericana. En algún momento, entre 1977 y 1979, contrajo sífilis y a inicios de los 80, al verse en la miseria, terminó hundiéndose en la depresión.


Markolino creció en una familia disfuncional, se crió solo con su madre, una trabajadora del departamento de bienestar social de la ciudad de Nueva York y su hermana mayor, estudiante de enfermería; su padre, cubano de nacimiento y marinero mercante de profesión, no estuvo presente durante su vida y aunque este hecho puede parecer irrelevante, en la vida de un bribón como Markolino, lo cierto es que su ausencia produjo en él vacíos que intentaba llenar con drogas.

En 1984, ahogado en problemas, enfermo y hambriento, Markolino, buscando cambiar su destino, recogió algo de ropa y viajó en bus a Miami. Ya en la ciudad, el jueves 22 de noviembre de 1984, se apareció frente a la puerta de Andy Harlow, su amigo de la infancia,  y le  pidió ayuda. Era la noche del Día De Acción de Gracias y Andy trabajaba en un proyecto personal junto a su hermano Larry Harlow.

Según cuenta el flautista, Markolino fue a buscarlo y le pidió trabajo, al parecer la noticia del proyecto que cocinaban los hermanos Harlow hizo eco en Nueva York, lo que motivó que Markolino viajara a pedirle ayuda.

Los últimos meses fueron para él bastante duros, estaba en bancarrota y no tenía donde dormir. Andy para ayudarlo, lo alojó unos meses en un motel de la Calle 8 y le compró un piano para que pudiera escribir los arreglos del proyecto en el que trabajaban los hermanos.

Iniciada la primavera de 1985, se llevó a cabo, en menos de una semana, la sesión de grabación del disco "Salsa Brothers, Miami Sessions" (1985) en el que debuta cantando y tocando las congas el nicaragüense Luis Enrique. El disco contó con los arreglos magistrales realizados por Markolino Dimond quien también ejecutó el piano de manera soberbia.



Luego del lanzamiento, Markolino realizó algunas presentaciones con Andy Harlow para promocionar el disco. Un día, cogió el dinero que había ganado, vendió el piano que le compró Andy y se marchó a California.

Durante el tiempo en que Markolino estuvo alejado de la música se dedicó a buscar a su padre hasta que logró hallarlo, por eso reunió todo el dinero que pudo y viajó a Palo Alto, al norte de San Francisco, para reunirse con él.

Encontrar a su padre, fue motivante para Markolino. Según cuenta Andy Harlow, una vez instalado en San Francisco consiguió un trabajo en una tienda de pianos en un centro comercial y decidió alejarse de las drogas.

En el otoño de 1986, mientras Markolino tocaba el piano en la tienda, se desmayó sobre los teclados y empezó a convulsionar víctima de una Neurosífilis: una infección bacteriana que afectó su cerebro producto de la sífilis que contrajo en el pasado y que nunca trató por desconocimiento, tenía apenas 36 años e intentaba enderezar su vida.

Varios meses después de su muerte, Andy Harlow recibió una carta proveniente de la hermana de Markolino quien le comunicaba el deceso del pianista, Andy respondió la misiva enviándole a su madre una copia del último trabajo que realizó con su hijo, esa fue la última vez que supo de ellas.

No se conoce con exactitud la fecha de la muerte de Markolino Dimond, sólo el año. Se presume que fue enterrado en Palo Alto donde vivió con su padre, pero nadie se ha tomado el tiempo de buscar su tumba. Lo triste del asunto es que  tampoco se conoce su fecha de nacimiento. Markolino sobrevivió los últimos años intentando reconstruir su vida, sin imaginar que, varios años después, se convertiría en un gran ídolo de la salsa.


Tal vez nunca alcancemos a imaginar lo que habría sido capaz de dar un músico de la talla de Markolino Dimond quien, a pesar de sus turbulencias y excesos personales, a tan corta edad, nos ha dejado un legado musical impresionante donde demuestra gran capacidad para hacer música.

Historia basada en entrevista realizada a Andy Harlow concedida para este blog en agosto del 2019.